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April 04, 2000
Gabriel García Márquez
ya no sabe lo que escribe.
"Parece que
habían zarpado el 20 de noviembre desde un manglar en las
inmediaciones de Jagüey Grande, muy cerca de Cárdenas."
Gabriel García Márquez
La primera vez que vi
y hablé con Gabriel García Márquez, fue en su lujosa oficina del
ING (International Network Group) en el Laguito, cuando todavía
confiaba en que los guiones cinematográficos (que les escribían
algunos cubanos y que él firmaba) lo iban a hacer un multimillonario
artístico. Verlo vestido con un pantalón de hilo transparente y
meneando constantemente su reloj dorado en la muñeca, me hizo pensar
que estaba frente a un anciano homosexual, pero más tarde me di
cuenta del error y recapacité: estaba, qué dudas quedan, frente de
un encumbrado y envejecido chicharrón.
Han pasado 9 años ya
sin que el nombre de este colombiano de pacotilla me zumbara en los oídos
cuando veo, nada más y nada menos que en El País (una copia española
del Granma con anuncios publicitarios), un artículo de este
dinosaurio mexicano. Sí, porque aunque antes dije colombiano, esa es
una nacionalidad que él sólo utiliza para postularse como presidente
a las elecciones y no para viajar. Además, según sus propias
palabras, él es un asilado político de Colombia en México, o ¿debí
decir en Cuba? Al grano.
"Naufrago en
tierra firme" se llama el artículo que pudiera haber escrito
Juan González. Un texto que no requiere un Nobel, ni tan siquiera el
esfuerzo de un analfabeto. Pero expliquémoslo. En el párrafo primero,
"Tía Tata cuenta cuentos" cuenta que la madre de Eliancito
lo recogió en la escuela al mediodía. ¿De acuerdo? Pero en el párrafo
undécimo, ya se enreda su memoria por culpa del Alzheimer al volver a
hablar del uniforme. El pobre viejo colombo-mexicano no sabe que a la
escuela hay que ir con uniforme y que, cuando la mamá lo recogió
aquel día al mediodía, lo más seguro, y cubanamente lógico, es que
no se lo llevara caminando en calzoncillos.
"También le
dijo que había perdido la mochila y el uniforme de la escuela; Juan
Miguel lo interpretó como un síntoma de desorientación y trató de
ayudarlo." "No papo," le dijo, "el uniforme tuyo
está aquí y la mochila la tengo para cuando vuelvas." ¡Qué
precisión!, o mejor dicho, ¡qué mentira! Si el uniforme que el niño
usó ese día estaba en la casa del padre junto a su mochila, quizás
fue porque mamá pasó a despedirse y lo vistió con otra ropa. De lo
contrario, papá González fue un irresponsable que, incumpliendo los
castristas reglamentos de la escuela, mandó a Eliancito, desgreñado
como el Che Guevara, a sentarse en un pupitre sin vestir correctamente
y sin libretas.
Sea como sea, no deja
de resultar patético que un Nobel de literatura, y más un novelista
versado en inventar historias, haya caído en esa trampa. Lo mismo le
ocurrió con el dato en que cuestiona la comunicación. ¿Lapsus o
decrepitud? Da igual. Como quiera que esta historia se relate, resulta
una demostración palmaria el hecho de que Elían se comunica con su
familia impecablemente. Para los que vivimos en el exilio resulta
claro que ceder minutos de una llamada tan costosa (para la familia en
Miami claro, porque los cubanos no pueden pagar por ella) para que
este niño hable incluso con su maestra, demuestra más que buena
voluntad.
A nadie en Colombia
parece haberle importado el daño que Fidel Castro le ha causado a la
literatura al desarraigar a este escritor de los valores humanos y
convertirlo, para beneficio propio, en un imbécil comediante (dantesco
por añadidura). Salir de su campestre Colombia y llegar a la
militarizada Habana (vía México) no ha sido una acción de amor,
sino el síntoma inequívoco de que Fidel Castro lo ha adoptado para
su causa. Romántico mentor de adolescentes por las calles de La
Habana, Gabriel García Márquez no se ha erigido como el defensor del
niño Elían, sino como el verdugo de muchos otros niños cuyos
nombres, a pesar de ser excéntricos, él se presta a recordar. Así,
este despreciable novelista no olvida a Usnavi, ni a Yusnier, ni a
Anysleidis, ni a Alquimia, ni a Deyler, ni a Anel. ¿Nombres solamente,
o pequeños que perdieron su virginidad?
"Juan Miguel no
tuvo que perder el tiempo para saber dónde estaba su hijo" –
dice el sesudo laureado, - "porque en el Caribe se sabe todo".
Pero no mi querido latoso. Juan Miguel lo supo muy pronto, porque de
Cuba todos huyen hacia un mismo sitio. Él, el padre de Eliancito, soñaba
también con una visa, ¿o es que acaso no te lo contó? Querer narrar
la historia de Elián es un encargo que le ha quedado mal. En momentos
que el futuro de ese niño está por decidirse, sólo espero que tus
achaques no te dejen verlo hecho un hombre. Has dicho que su madre lo
raptó, has seguido a la letra las orientaciones de tu barbudo amo
para describirla como una mujer estúpida, has limpiado tus culpas con
su memoria y si yo fuera Elián y te tuviera un día donde una vez te
tuve, de seguro te invertía el sistema digestivo con el apoyo de un
zapato.
Para acabar contigo,
y con la aureola de inmundicias que te han hecho famoso, déjame
decirte otra pequeña cosa. Jagüey Grande es un pueblo interior de
Cuba. Está en el kilómetro 142 de la autopista nacional y rodeado de
toronjales a los que el desgobierno de tu dueño Fidel Castro ha
empezado a desmontar para sembrar tabaco. Esa cubanísima localidad
por tanto, carece de manglares. Si en realidad te sientes el Nobel de
la Coca, consúmela de otra manera porque te hace daño. Nadie puede
salir remando sobre las aguas de un sitio que no colinda con el mar.
¿Comprendes o necesitas más expertos? No me explico cómo, si
contaste con la ayuda de los expertos cubanos que tantos botes han
hundido cargados de niños, no contaste con ellos para que te enseñaran
un poco de la geografía cubana.
¡Eres un erudito
García Márquez! Te mereces otro Nobel por sabio y vamos a darte uno
que abunda allá en la tierra de la infamia. ¿Te parece bien el de la
cobardía?
Carlos Wotzkow
Bienne, Marzo 2000
*García Márquez,
Gabriel (2000): Náufrago en tierra firme. El País Digital.
Internacional. Domingo 19 de marzo 2000 – N° 1416, 7 pp. |