Flag
Cuban Anthem

No Castro nor his regime !

Escudo

 

updated 08/03/04

What's New
Events
Commentaries
Elián Archive
News Archive
Castro's Accomplices
Education
Atrocities
Embargo
Terrorism
Facts & Figures
Image Gallery
You Can Help
Personalities
Religion
Documents
Links
Contact Us
Home

Libre, July 30, 2000

español

The Importance of the Second Amendment
by Jacob G. Hornberger

We should not let the hoopla associated with the Million Mom March cause us to lose sight of the real purpose and meaning behind the Second Amendment: the ability to protect ourselves from the tyranny of our own government.

Virtually all the arguments in the gun-control debate have revolved around gun violence in American society. The proponents of registration, licensing, waiting periods, gun buy-backs, and even gun confiscation aim to rid our society of gun-related deaths.

But as their opponents have so ably pointed out, the means that the advocates of gun control are advocating are not likely to achieve their ends. People who violate laws against violence are not likely to feel constrained by gun-control laws. And people who do obey the gun-control laws are going to be less able to defend themselves against those who don't obey the laws.

Moreover, there is no reason to believe that a war on guns will rid American society of guns any more than that war on drugs has eradicated drugs from our society. Those who wish to purchase illegal guns will be able to do so on the black market as easily as they purchase drugs on the black market.

Thus, the ultimate consequence of gun control would be a society in which violent antisocial people are armed while peaceful, law-abiding people are disarmed. Of course, that's a prescription for disaster for those who are disarmed.

But despite its obvious importance, being able to protect oneself from murderers, thieves, robbers, burglars, and the like is not why the people of the United States enacted the Second Amendment to the Constitution in 1791. The true purpose of the amendment - one that modern-day Americans forget at their peril - was to protect us not from private thugs but rather from government ones.

Don't forget that revolutions are, by their very nature, wars against one's own government. Keep in mind that when George Washington and Thomas Jefferson revolted against England in 1776, they were British, not American, citizens. At various times throughout history, people have taken up arms against their own government because of what they considered to be nasty and brutal acts that their own officials had committed against them.

Historically, the biggest threat to the freedom and well-being of a people has lain not with some foreign government but rather with one's own government. And as Thomas Jefferson pointed out in the Declaration of Independence, if a government "crosses the line" by engaging in overly tyrannical conduct against its own citizens, it is the right of the people to meet force with force, even to the point of violent revolution.

Resistance to tyranny and violent revolution, however, require an essential ingredient - weapons. In the absence of weapons, there is only one course of action in the face of government brutality - obedience. A disarmed society is an obedient society, a society in which, at the extreme, people obey their own government's orders to follow the line into the gas chambers.

This point was recently reflected by what Fidel Castro said about the U.S. government's raid on the home of the Miami relatives of Elian Gonzalez. He commented that his forces would not need to be armed to conduct a similar raid in Cuba because Cuban citizens are not permitted to own guns. What he failed to say, of course, is that because of gun control, the Cuban people also lack the means to overthrow the gun-toting communist thugs who rule over them.

"But in America, our leaders are democratically elected. We are the government. There's nothing to fear here." But given the proper circumstances, a democratically elected government can be even more tyrannical than a totalitarian one. Remember: the very purpose of the Constitution and the Bill of Rights is to protect us from our own democratically elected government officials!

When citizens are well-armed, government officials must think twice before going too far down the road to tyranny against the citizenry. Thus, the right to bear arms protected by the Second Amendment is the best insurance policy that the American people could have against tyranny.

Mr. Hornberger is president of The Future of Freedom Foundation in Fairfax, Va. (www.fff.org) and co-editor of The Tyranny of Gun Control.


Libre, julio 30, 2000

La Importancia de la Segunda Enmienda
by Jacob G. Hornberger

La conmoción en torno a la Marcha del Millón de Madres no debe distraemos del verdadero propósito de la Segunda Enmienda a la Constitución, que es para protegemos de la tiranía de nuestros propios gobernantes.

Casi todas las discusiones con respecto a las armas de fuego tienen que ver con la violencia relacionada con las armas en la sociedad. La matrícula de las armas; las licencias para poder poseerlas; los plazos de espera para poder adquirirlas; los programas municipales para comprar las armas de los ciudadanos a fin de sacarlas de circulación; y hasta la confiscación - todas estas ideas se proponen con el objetivo de eliminar las muertes relacionadas con las armas de fuego.

Sin embargo, como bien observan los que se oponen a estos proyec­tos, los medios que proponen los que preconizan el control de las armas, no bastan para alcanzar sus fines. El que estuviera dispuesto a quebrantar las leyes promulgadas para prohibir los actos de violencia, apenas se sentiría coartado por las leyes promulgadas para controlar las armas. Por otra parte, el que sí respetara las leyes para controlar las armas, quedaría más indefenso contra el que no las respetara.

Además, no hay razón alguna para creer que la guerra contra las armas pudiera librar a la sociedad estadounidense de las armas, más que lo que la guerra contra la droga haya logrado eliminarla de nuestro país. Todo el que quisiera comprar armas ilegalmente en el mercado negro, podría hacerlo con la misma facilidad con que actualmente puede comprar drogas.

Por lo tanto, el control de las armas acabaría por crear una sociedad en la cual los elementos antisociales y violentos seguirían armados, mientras que la gente pacífica y cumplidora de ley y el orden quedaría desarmada. Desde luego, ello constituiría una fórmula desastrosa para el que quedara desarmado.

Sin embargo, pese a su evidente importancia, la capacidad de defen­derse de los asesinos, de los ladrones y de toda clase de maleantes, no es la razón principal por la cual el pueblo estadounidense promulgó la Segunda Enmienda de la Constitución en el 1791. El propósito real de la enmienda - y el que los norteamericanos de nuestra época actual corren un gran riesgo al olvidar - es para protegemos, no de los maleantes particulares, sino de los estatales.

Hay que recordar que las revoluciones fundamentalmente son gue­rras contra el gobierno propio. Téngase en cuenta que cuando Jorge Washington y Tomás Jefferson se rebelaron contra Inglaterra en el 1776, ellos eran ciudadanos británicos y no estadounidenses. Cuando Miguel Hidalgo e Ignacio Allende se sublevaron contra España en el 1810, ellos eran ciudadanos de España y no de México. En diversas ocasiones en la historia, los pueblos han tomado las armas en contra de sus propios Estados por motivo de lo que ellos vieron como actos infames de brutalidad contra ellos por parte de los funcionarios estatales.

Históricamente, la mayor amenaza a la libertad y al bienestar de los pueblos no lo han sido los Estados Extranjeros, sin el Estado propio. Tal y como ya observó Tomás Jefferson en la Declaración de la Independencia, si un Estados se excede en maltratar a sus propios ciudadanos, el pueblo tiene el derecho de resistir la fuerza con la fuerza, aun al grado de acudir a la revolución violenta.

Sin embargo, tanto la resistencia a la tiranía como la revolución vio­lenta precisan de un ingrediente esencial - de las armas. Sin ellas, la única respuesta factible a la brutalidad estatal es obedecer. Una sociedad desarmada es una sociedad obediente, sociedad en la cual, en los casos extremos, la gente cumple las órdenes de su propio gobierno de ponerse en cola para entrar en las cámaras de gas.

Este punto lo reflejan los comentarios de Fidel Castro acerca de la redada del gobierno federal estadounidense en el hogar de los familiares del niño Elián González en Miami. Castro hizo la observación, que sus agentes no habrían tenido que portar armas para poder realizar una reda­da semejante en Cuba, porque a los cubanos no se les permite poseer armas de fuego. Lo que no dijo Castro, por supuesto, es que gracias al control de las armas, el pueblo de Cuba además carece de los medios para derrocar a los esbirros, armados y comunistas que imperan sobre ellos.

“Pero aquí en Estados Unidos, nuestros dirigentes son elegidos democráticamente. Nosotros somos el gobierno. No hay nada que temer”. Sin embargo, dadas las circunstancias propicias, un gobierno democrático puede volverse más tiránico aun que otro totalitario. Que no se nos olvide: el propósito mismo de la Constitución y de la Carta de Derechos, ¡es para protegernos de nuestros propios funcionarios elegidos por medios democráticos!

Cuando el ciudadano está bien armado, los funcionarios estatales tienen que recapacitar antes de caminar mucho por la vía de la tiranía sobre el pueblo. Por lo tanto el derecho de llevar las armas, que la Segunda Enmienda protege, es la mejor póliza de seguro que el pueblo norteamericano pudiera tener contra la tiranía.

Jacob G. Hornberger es presidente de The Future of Freedom Foundation en Fairfax, estado de Virginia (www.fff.org) y corredactor de la obra, The Tyranny of Gun Control (en español: La Tiranía del Control de las Armas).